domingo, 23 de marzo de 2008

El imperio, sus intrigas y la lámpara maravillUSA

Salta al alcance de la opinión pública la nueva felonía del decadente poderoso imperio norteamericano: tratan, tras bambalinas, de convertir con el mayor descaro la computadora del asesinado comandante de las FARC, Raúl Reyes, en la lámpara de Aladino.

En los laboratorios de la inteligencia colombianos está, como nueva y oportunísima reliquia, la famosa e “infinita” computadora guerrillera, como una vez ¿estuvieron? bajo la lupa del Pentágono, de la Casa Blanca, del Capitolio, de la CIA, del FBI, de la NASA… los tripulantes de los platillos voladores en el angar 47, allá en “el norte revuelto y brutal que nos desprecia”.

Se descubrirán, sin duda, cosas increíbles almacenadas en sus inconmensurables y blindadas memorias.

Los cables hablaron de dinero en Costa Rica, y dicen que se encontró donde decía la computadora… lo demás lo sabemos de viejo: continuarán apareciendo cosas, nombres, planes, documentos, que serán “avalados” con grande despliegue informativo y todo el glamour acusatorio y bélico correspondiente, al cabo del cual volverá a aparecer amenazada la seguridad nacional de la región y especialmente la de los Estados Unidos de Norteamérica, y con ello la obligación de desatar otra guerra preventiva contra estos oscuros rincones del mundo llamados Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Cuba… escojan el nombre.

La creciente capacidad de Nuestra América para exorcizar el odio y el fratricidio, demostrada en la Cumbre de Río, asusta a los inseguros dueños del imperio y a los celestinos a quienes les han mantenido a cambio de su labor de Isacariotes, sus posiciones de prohombres.

Siempre les fue fácil a los amos del norte o a sus aliados europeos lanzarnos a unos contra otros y procurar un “todos contra todos” permanente y criminal entre nuestros pueblos, agotados por las ininterrumpidas hemorragias morales, sociales, políticas y económicas sufridas en estos cinco siglos de conquista y aniquilamiento, donde cansados ya de practicar el odio, se empieza, acaso sin saberlo -como diría Martí- a probar el amor.

El ALBA es el amanecer, la unidad y la fuerza de nuestros vilipendiados y maltratados pueblos. Ese amanecer tratan de oscurecerlo los vampiros que chupando nuestra sangre han sobrevivido y engordado hasta hoy en la más vergonzosa opulencia. La unidad que se ha ido logrando, si bien está en sus albores, es ya la estaca salvadora contra los chupasangres históricos, y tratarán de golpearla una y otra vez de distintas maneras, sin comprender que a las estacas mientras más se les da, más se clavan.

La fuerza está en la claridad y la justeza de nuestras ideas. ¡Adelante, América Latina!