miércoles, 28 de noviembre de 2007
La historia es la memoria de los pueblos
Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue
está en lo que es.”
José Martí
Hace unas horas pudimos participar en la marcha que a lo largo de la calle San Lázaro, desde la Escalinata de la Universidad de La Habana hasta las inmediaciones de la fortaleza de La Punta, desarrolló la Federación Estudiantil Universitaria en memoria de los ocho estudiantes de Medicina fusilados el 27 de noviembre de 1871 por los representantes del sistema colonial de España.
Observando a esos miles de jóvenes que marchaban lanzando sus consignas, y mirándoles los rostros alegres, recordé el discurso de Martí en que al referirse a los estudiantes fusilados, decía que a pesar de la crueldad y la injusticia de las que fueron víctimas inocentes, no pueden ser recordados con tristeza, y lanzaba aquella oración vivificadora: “Cantemos hoy, ante la tumba inolvidable, el himno de la vida”. Y otra vez volvió a cantarse, ante la tumba inolvidable, el himno de la vida.
Desde siempre los imperios y las oligarquías se han interesado en borrarles a los pueblos la memoria histórica. Sin embargo, como no lo han logrado, se han ocupado de tergiversarla o escamotearla dondequiera que les ha sido posible. ¿Por qué tanto empeño? Pues porque un pueblo sin memoria es como un árbol sin raíces, que cualquier vientecillo lo echa a tierra. ¿Qué vale un hombre sin la capacidad de recordar? No vale nada. Ellos lo saben y por eso procuran mantenerlo entretenido, preocupado por el instante, movido por sus instintos, desvalijado en su capacidad de pensar y comprender de conjunto su existencia. ¿Qué puede hacer un pueblo con su presente si no tiene la más remota idea de su pasado? ¿Cómo va a ir hacia el futuro? ¿Hacia qué futuro se puede marchar si no se está conciente de que el futuro está aquí, es hoy mismo porque si no siembras un árbol ahora no tendrás sombra donde cobijarte mañana?
Reza un viejo refrán que cuando no sepas a dónde vas, vuélvete a ver de dónde vienes. ¿Cuántas veces hemos salido hacia un lugar de la casa en busca de algo que a medio camino ya olvidamos, y para recordar a lo que íbamos tenemos que regresar al punto del que salimos o a la actividad que realizábamos?
Marchas como la de este 27 de noviembre nos recuerdan bien de dónde venimos y nos ayudan a comprender mejor hacia dónde debemos ir y hacia dónde no podríamos nunca volver a ir. El imperio apuesta el fin de la Revolución Cubana a la mala memoria de los jóvenes. Para ellos sí es verdad que esa juventud “está perdida”, porque ha sido ganada para la Patria.
Dentro de unas horas se conmemorará el 51 aniversario de alzamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba. Muchas veces hemos visto las imágenes de nuestros pioneros realizando el alzamiento simbólico de aquella ciudad heroica y rebelde. Todos ellos conocen bien la historia de esa gesta. Saben lo que allí sucedió y por qué fue necesaria aquella acción. Saben también con qué sangre se escribió en la historia de nuestra patria esa página que ellos reviven. Esos momentos no se olvidan nunca por los que tienen la posibilidad de vivirlos.
El próximo 2 de diciembre también se cumplen 51 años de la epopeya del Granma, y muchas veces a lo largo de estos 48 años de Revolución, los jóvenes han realizado el desembarco simbólico de aquella expedición. Allí han estado otra vez Fidel, Raúl, Camilo, el Che, Ramiro, Almeida y tantos otros de entrañable recuerdo.
En estos doscientos años de forja de la nación cubana, hemos acumulado, gracias al sacrificio de muchos valiosos hijos de esta tierra, innumerables pertrechos con qué hacer frente a los desafíos de la desmemoria que siempre acecha a cada hombre que nace. A diferencia de nuestros padres fundadores, que tenían que buscar la inspiración en héroes reales o imaginarios creados por otros pueblos, los cubanos de hoy contamos con una inagotable y autóctona fuente de inspiración patriótica. Y ahí están también, cada vez más visibles y cercanos, los héroes infinitos de nuestra Madre América: Bolívar, Sucre, O´Higgins, Morazán, Miranda, Hostos, Juárez, Martí, Sandino, el Che... En la veneración de su memoria creceremos como pueblos. Véase cómo vamos creciendo en la misma medida en que crece su recuerdo y su presencia entre nosotros.
Los enemigos de los pueblos nos tildarán de mesiánicos o de idólatras, allá ellos, pero no lograrán que olvidemos a nuestros muertos sublimes ni a nuestra sagrada historia. Ellos son pan del alma, más necesario acaso que el diario pan del cuerpo. Nos esforzaremos cada día para producir más recursos y medios con qué satisfacer nuestras necesidades materiales, pero no olvidaremos nunca aquella sabia lección de José Martí: “Importa poco llenar de trigo los graneros si se desfigura, enturbia y desgrana el carácter nacional. Los pueblos no viven a la larga por el trigo, sino por el carácter.”
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Consejeros y aconsejados, con background de sahumerios y cantos gregorianos
Cuando publiqué, el pasado 5 de septiembre, mi artículo “El AntiDieterich”, algunos pensaron tal vez que exageraba en mis juicios sobre Heinz Dieterich. Otros ya sabían cómo pensaba al respecto y por qué no había dicho públicamente mis opiniones. Y este por qué, lo aclaro para evitar especulaciones, está dado en lo fundamental por el hecho cierto de que ha sido históricamente una tendencia de los poderosos echar a pelear a sus enemigos para evitar que se unan en su contra. La vieja divisa romana de “divide y vencerás”, ha hecho posible que las izquierdas se entretengan durante mucho tiempo destripándose entre sí, en lugar de enfocar al verdadero enemigo y unir todas las fuerzas contra él, auque sea bajo el refrán de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.
Pero la unidad revolucionaria, si bien puede establecerse sobre la base de métodos diferentes, ha de ser siempre consagrada por principios claramente establecidos y compartidos por el conjunto. Cuando algo pone en peligro esos principios, entonces hay que evaluar las maneras de enfrentar el problema. Es decir, si el daño que se hace a la unidad en sí misma, manteniendo dentro del conjunto a la parte que de forma manifiesta ha demostrado no honrar esos principios, no es mayor que el que pueda causarle separar sin paños tibios a esa parte.
Y lo del pensador alemán, a mi juicio, ya pasaba de castaño oscuro con sus prepotentes consejos a diestra y siniestra, sin el menor pudor al hablar de sí mismo y ensalzar sus propias teorías, y sin la menor reverencia a la obra real, concreta y tangible de dos figuras históricas de las dimensiones de Fidel Castro y Hugo Chávez.
Me limité entonces a unas simples preguntas a Dieterich en el artículo mencionado. Preguntas que hubiera preferido hacerlas a él mismo cuando en el teatro Teresa Carreño de Caracas, intervino en presencia de Chávez, Armando Hart y otros compañeros, y donde solo le faltó decir que Marx, Engels y Lenin eran dinosaurios filosóficos, sus escritos a lo sumo, incunables del marxismo, y que quien pretendiera ahora, en el siglo XXI, hablar de socialismo, debía regirse indefectiblemente por las teorías del socialismo telemático, informático y cibernético, que propugna el Nuevo Guía Tecnotrónico de los explotados de este mundo, cuyo nombre es Heinz Dieterich Steffan.
Ahora salta a la palestra, para asombro de algunos y confirmación de otros muchos, la traición del ahijado filosófico de Dieterich dentro del proceso bolivariano de Venezuela: el general retirado y ex Ministro de
Chávez cuando solía citar a Dieterich lo indicaba tácitamente, es decir, dejaba claro que era una idea del pensador alemán, y luego comentaba al respecto si era preciso, pero no ha sido ostensible en sus discursos una influencia ajena a sus lecturas y análisis personales, permeados de cada libro nuevo que le cae en las manos de insaciable lector.
No así el general Baduel, cuyos discursos en los últimos tiempos eran más filosóficos que políticos, y aunque los salpicaba de Sun Tzu, Cristo, Lao-Tse, San Mateo, Kahlil Gibrán o Che Guevara, era evidente que sus parrafadas sobre el llamado “Socialismo del Siglo XXI” y el uso del instrumental referativo marxista no eran de su propia cosecha. Búsquense las intervenciones y las entrevistas de Baduel y compárese con el prólogo al libro de Dieterich “Hugo Chávez y el Socialismo del Siglo XXI”, firmado por el general y se notará la diferencia. Léase su discurso de traspaso de mando de la jefatura de
Hablando de entrevistas, es irónico que el título de la que les concedió el general Baduel a los periodistas cubanos Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez sea “NADIE PODRÁ DECIR NUNCA QUE BADUEL TRAICIONÓ A CHÁVEZ”.
En esa extensa entrevista, hecha en el entorno habitual del general Baduel, en pleno apogeo de la efímera gloria que le rodeó (y de la que Dieterich fue uno de los más activos artífices) entre humos de sahumerios y cantos gregorianos, podemos leer cosas como estas, dichas por el general:
“Era muy perverso lo que estaba ocurriendo. A veces hasta me acariciaban el ego: “Usted es el hombre que tiene el fiel de la balanza”, y toda esa vaina. Ya sabíamos que el golpe se había desencadenado.”
Resulta sorprendente que este argumento que, según Baduel, le daban los pro golpistas, se parezca tanto a los que ofrece Dieterich en su artículo “¿Quién hizo fracasar el golpe militar contra Hugo Chávez?”, publicado en Rebelión, el 17 de abril de 2006. Inicia Dieterich su artículo con el subtítulo de “La historia secuestrada”, lanzando sobre el gobierno una acusación solapada: “En la 42 brigada de Infantería Paracaidista, de Maracay, Venezuela, del 10 al 12 de abril de 2006, comenzó a rescatarse la verdadera historia de la resistencia cívica-militar, que en el año 2002 derrotó el golpe militar contra Hugo Chávez”.
En ese artículo, al presentar a Baduel entre los asistentes al cónclave, en el que también Dieterich estuvo invitado, dice que fue el “centro de gravedad político-militar nacional de la resistencia que venció a los alzados”. Más adelante, en el análisis de los roles desempeñados por los diferentes actores, Dieterich solo invierte 13 líneas para evaluar la labor del pueblo venezolano, otras 13 para el papel de Chávez y del entonces Fiscal General de la nación, Isaías Rodríguez, y en cambio invierte 33 en celebrar la intervención de Baduel. En el último párrafo se atribuye el derecho de recomendarle a Chávez el destino que debía darle al general Baduel.
Por su parte el general, en la entrevista citada, al ser preguntado sobre si además de la disciplina militar y el respeto a
“Sí. En otros momentos de nuestras vidas, ha habido gente que ha querido especular sobre mi amistad con el Presidente y crear alguna cizaña. Pero nuestra relación responde a los llamados del corazón. Además de los ideales, están los afectos profundos.
“Aquí guardo la copia de una carta que le hice en diciembre de 1999, dándole cumplimiento de orden, cuando él me pidió que me movilizara para
¿Será acaso que los mismos que ayudaron a convertir al general Baduel en “Héroe”, lo llevaron también, con ensalzamientos excesivos y susurros sibilinos, a convertirse en traidor? Con tales consejeros muy mal acabarán los aconsejados. Siempre será preferible enfrentarse a la espada desnuda de un enemigo abierto y desafiante, por más grande que sea, que al puñal miserable de un enemigo disfrazado de amigo.
Tenía razón mi abuelo cuando restallaba, en su lenguaje ríspido y contundente, aquel refrán antiguo e incontrastable: “De las aguas mansas líbreme Dios, que de las bravas me libro yo.”