“Lo pasado es la raíz de lo presente.
Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue
está en lo que es.”
José Martí
Hace unas horas pudimos participar en la marcha que a lo largo de la calle San Lázaro, desde la Escalinata de la Universidad de La Habana hasta las inmediaciones de la fortaleza de La Punta, desarrolló la Federación Estudiantil Universitaria en memoria de los ocho estudiantes de Medicina fusilados el 27 de noviembre de 1871 por los representantes del sistema colonial de España.
Observando a esos miles de jóvenes que marchaban lanzando sus consignas, y mirándoles los rostros alegres, recordé el discurso de Martí en que al referirse a los estudiantes fusilados, decía que a pesar de la crueldad y la injusticia de las que fueron víctimas inocentes, no pueden ser recordados con tristeza, y lanzaba aquella oración vivificadora: “Cantemos hoy, ante la tumba inolvidable, el himno de la vida”. Y otra vez volvió a cantarse, ante la tumba inolvidable, el himno de la vida.
Desde siempre los imperios y las oligarquías se han interesado en borrarles a los pueblos la memoria histórica. Sin embargo, como no lo han logrado, se han ocupado de tergiversarla o escamotearla dondequiera que les ha sido posible. ¿Por qué tanto empeño? Pues porque un pueblo sin memoria es como un árbol sin raíces, que cualquier vientecillo lo echa a tierra. ¿Qué vale un hombre sin la capacidad de recordar? No vale nada. Ellos lo saben y por eso procuran mantenerlo entretenido, preocupado por el instante, movido por sus instintos, desvalijado en su capacidad de pensar y comprender de conjunto su existencia. ¿Qué puede hacer un pueblo con su presente si no tiene la más remota idea de su pasado? ¿Cómo va a ir hacia el futuro? ¿Hacia qué futuro se puede marchar si no se está conciente de que el futuro está aquí, es hoy mismo porque si no siembras un árbol ahora no tendrás sombra donde cobijarte mañana?
Reza un viejo refrán que cuando no sepas a dónde vas, vuélvete a ver de dónde vienes. ¿Cuántas veces hemos salido hacia un lugar de la casa en busca de algo que a medio camino ya olvidamos, y para recordar a lo que íbamos tenemos que regresar al punto del que salimos o a la actividad que realizábamos?
Marchas como la de este 27 de noviembre nos recuerdan bien de dónde venimos y nos ayudan a comprender mejor hacia dónde debemos ir y hacia dónde no podríamos nunca volver a ir. El imperio apuesta el fin de la Revolución Cubana a la mala memoria de los jóvenes. Para ellos sí es verdad que esa juventud “está perdida”, porque ha sido ganada para la Patria.
Dentro de unas horas se conmemorará el 51 aniversario de alzamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba. Muchas veces hemos visto las imágenes de nuestros pioneros realizando el alzamiento simbólico de aquella ciudad heroica y rebelde. Todos ellos conocen bien la historia de esa gesta. Saben lo que allí sucedió y por qué fue necesaria aquella acción. Saben también con qué sangre se escribió en la historia de nuestra patria esa página que ellos reviven. Esos momentos no se olvidan nunca por los que tienen la posibilidad de vivirlos.
El próximo 2 de diciembre también se cumplen 51 años de la epopeya del Granma, y muchas veces a lo largo de estos 48 años de Revolución, los jóvenes han realizado el desembarco simbólico de aquella expedición. Allí han estado otra vez Fidel, Raúl, Camilo, el Che, Ramiro, Almeida y tantos otros de entrañable recuerdo.
En estos doscientos años de forja de la nación cubana, hemos acumulado, gracias al sacrificio de muchos valiosos hijos de esta tierra, innumerables pertrechos con qué hacer frente a los desafíos de la desmemoria que siempre acecha a cada hombre que nace. A diferencia de nuestros padres fundadores, que tenían que buscar la inspiración en héroes reales o imaginarios creados por otros pueblos, los cubanos de hoy contamos con una inagotable y autóctona fuente de inspiración patriótica. Y ahí están también, cada vez más visibles y cercanos, los héroes infinitos de nuestra Madre América: Bolívar, Sucre, O´Higgins, Morazán, Miranda, Hostos, Juárez, Martí, Sandino, el Che... En la veneración de su memoria creceremos como pueblos. Véase cómo vamos creciendo en la misma medida en que crece su recuerdo y su presencia entre nosotros.
Los enemigos de los pueblos nos tildarán de mesiánicos o de idólatras, allá ellos, pero no lograrán que olvidemos a nuestros muertos sublimes ni a nuestra sagrada historia. Ellos son pan del alma, más necesario acaso que el diario pan del cuerpo. Nos esforzaremos cada día para producir más recursos y medios con qué satisfacer nuestras necesidades materiales, pero no olvidaremos nunca aquella sabia lección de José Martí: “Importa poco llenar de trigo los graneros si se desfigura, enturbia y desgrana el carácter nacional. Los pueblos no viven a la larga por el trigo, sino por el carácter.”
miércoles, 28 de noviembre de 2007
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