“Yo creo que podemos convertir la nación entera en una universidad.
Teníamos una, después dos más, ahora decenas. Están en
todas partes y simplemente me parece ver la posibilidad de
una nación convertida en universidad; es un sueño.”
Fidel
Enero de 2002
Acaba de cumplir 280 años la Universidad de La Habana, y nunca fue tan joven en espíritu e intentos. Luego de casi tres siglos de avatares y experiencias acumuladas, todos sus saberes se desbordan a través de los muros ancestrales, y se expanden iluminando los más inesperados parajes de la patria.
Cuando el 1ro. de enero de 1959 la Revolución llega al poder, solo existían en Cuba 3 universidades públicas: en La Habana, Santiago de Cuba y las Villas, en ese orden surgieron. Todas estaban cerradas por la dictadura batistiana. En el afán de crecer como pueblo mediante la cultura, y como parte consustancial del proceso de reivindicaciones que llevó a cabo el gobierno revolucionario, en los años subsiguientes se crearon nuevas universidades, centros universitarios e institutos superiores.
Las ideas de Fidel sobre lo que debían ser la universidad, y la educación en general, en un país que luchara por la justicia social son muy radicales y se manifiestan tempranamente. Si en julio de1959, durante la inauguración de una planta de televisión en Camagüey, está proponiendo abrir una cadena televisiva para educar masivamente al pueblo, ya en diciembre de 1964 durante la inauguración de la CUJAE expresa que “en el futuro no habrá ciudad capaz de albergar una universidad; en el futuro el concepto de universidad será demasiado grande para que pueda estar contenido en un número de edificaciones.”
Como consecuencia de los programas de alfabetización, primero, y de continuidad de estudios después, en la década de los años 70 la matrícula de los centros preuniversitarios y tecnológicos había aumentado considerablemente, y era necesario preparar el camino para que ese caudal de talento encontrara espacio fértil donde emplearse. Ante tal perspectiva, Fidel expresa en febrero de 1967 una de las ideas precursoras de la realidad de hoy: “el día en que ese medio millón del año 1975, que estará en la enseñanza media y superior, presione y, como resultado de la misma revolución que en el campo de la educación se lleva a cabo, no quiera quedarse atrás y quiera alcanzar estudios superiores, no se podrá concebir una universidad de trescientos mil estudiantes. Y entonces todo el país se convertirá en una universidad, cada fábrica se convertirá en una universidad, cada granja se convertirá en una universidad, cada unidad de producción se convertirá en una universidad”.
En 1980, durante el II Congreso de la FEU vuelve sobre el tema, esta vez dejando establecido un concepto: “¿Qué significa universalización de la universidad? Facilidades para que todo el mundo estudie sin límites. La sociedad ha de crear condiciones hasta donde alcancen sus recursos.” Y en septiembre de 2002, ante la realidad que vive el país, como consecuencia de los nuevos programas sociales, expresa: “La universidad va a los centrales azucareros. Se hablará de miles de sedes universitarias y de cientos de miles de estudiantes. Estamos creando una sociedad donde todo el mundo pueda tener una carrera universitaria.”
Hace apenas un lustro se inició el programa de universalización de la enseñanza superior y los primeros frutos ya ofrecen su aroma. Más de tres mil sedes diseminadas a lo largo y ancho de la isla. Más de medio millón de cubanos conforman la matrícula de las 47 especialidades que se imparten en las Sedes Universitarias Municipales, y sus claustros los nutren más de cien mil profesores. Esas estadísticas significan cientos de miles de cubanos a los que se les facilita aún más el acceso a una calidad de vida superior al poder contar con nuevos y cada vez mayores conocimientos, jóvenes que por diversas razones veían tronchados su sueños de convertirse en profesionales y han podido llegar a realizarlos o están camino a ello; significan también miles de profesionales a los cuales la actividad práctica de sus profesiones les había hecho caer en la rutina, o no tenían aspiraciones de hacer estudios de posgrados, o no veían las posibilidades a su alcance.
Como idea transformadora, el establecimiento de estos revolucionarios conceptos en los estudios superiores, ha tenido que vencer también obstáculos. Escepticismos y enfoques elitistas sobre la calidad de la educación no han faltado, pero la perseverancia, el sacrificio y la buena voluntad de miles de profesionales, académicos, investigadores, docentes, acompañados por la disposición y el entusiasmo de centenares de miles de estudiantes, han permitido demostrar que ese es el camino.
Apenas se está comenzando y lo que falta por hacer es casi todo, pero los que participan de esta revolución en la enseñanza superior masiva, sin paralelo en el mundo, podrán lucir siempre como blasón de orgullo, el haberse atrevido a desafiar siglos de exclusiones injustificables en el acceso pleno del hombre al conocimiento acumulado por la especie humana en su devenir histórico.
Tenía razón Martí: “Al mundo nuevo corresponde la Universidad nueva”.