“Sé desaparecer, pero no
desaparecería mi pensamiento…”
José Martí
Medio mundo, o acaso el mundo entero, estará repitiendo con honestidad algunos y manipulada y miserablemente otros, el Mensaje del Comandante en Jefe aparecido esta mañana en los medios de prensa de nuestra amada Cuba: Fidel, próximo ya el día en que deberá constituirse nuestra nueva Asamblea Nacional y elegirse su Consejo de Estado, después de un transparente, masivo y democrático proceso eleccionario, nos dice que no aspirará ni aceptará los cargos de Presidente del Consejo de Estado ni de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Los que hemos amanecido bajo la luz del sol esta mañana recordaremos siempre este día. Lección suprema es esta a la que habrá que sacarle todas sus enseñanzas cuando más tarde, lejos de los sentimientos que hoy nos entorpecen la posibilidad de evaluarla con justicia, volvamos los ojos a la historia presente.
Fidel continuará escribiendo y enseñando, como ha hecho hasta hoy durante más de 50 años, solo que esta vez será con sus tan necesarias Reflexiones. Nos brinda una vez más la posibilidad que no tuvimos cuando nos faltó Martí en los días vergonzosos de la ocupación yanqui, o cuando nos faltaron Mella, Guiteras y Chibás en los años oscuros de la neocolonia viciosa y corrompida que impuso el imperio norteamericano.
Sinceramente se veía venir una decisión de este tipo, el propio Fidel, como deja claro en su mensaje de hoy, nos venía preparando para ello. Cuando se estudian en junto las experiencias de procesos acontecidos en otras latitudes y lo difícil del momento en que la generación que ha conducido esos acontecimientos históricos ha comenzado a transmitir a sus continuadores las responsabilidades de llevarlo adelante, era de esperar, conociendo la inteligencia y el desprendimiento de Fidel, que algo así sucediera. Sin embargo, no deja de ser impactante y trascendente la decisión, porque revela en la realidad concreta lo que muchos enemigos y tal vez también amigos pusieron en duda: la capacidad de Fidel de renunciar a cargos que en verdad no necesita porque su conducta cotidiana, durante más de medio siglo de combate frontal contra un enemigo inconmensurablemente más poderoso económica y militarmente, le aseguran la autoridad moral suficiente como para que su voz sea escuchada.
Contar con la experiencia, el extraordinario tacto político, el magisterio insuperable de Fidel para la formación de los cuadros que tienen en sus manos el poder de decidir y llevar a la práctica los destinos del país, es un tesoro que los cubanos debemos evaluar en su justo e incalculable valor. Nos alegra saber que su recuperación continúa, y que se preserva para lo más útil, que es transmitir sus ideas.
Consecuente con su propia política, desde los combates en
Cuando el próximo 24 de febrero, fecha en que conmemoraremos el 115 aniversario del inicio de
Los medios de prensa reflejarán las Reflexiones del compañero Fidel, que continuará enseñándonos como hasta ahora a ver allí donde nuestra vista no alcanza, para salvarnos de viejos y nuevos peligros externos o internos, del enemigo o del peor enemigo que somos nosotros mismos. Pero acaso sucederá otra vez lo que en julio de 1873 aconteció en los potreros del Camagüey legendario en los tiempos de nuestra primera guerra: cuentan que luego de la caída en combate del Mayor General Ignacio Agramonte en los potreros de Jimaguayú, el 11 de mayo de ese año, el entonces Teniente Coronel Henry Reeve, joven norteamericano que se sumó a nuestras luchas independentistas alcanzando el grado de Brigadier y los más altos honores hasta su caída gloriosa en Yaguaramas, esperaba la llegada del Mayor General Máximo Gómez, dominicano que llegaría a ser General en Jefe de nuestro Ejército Libertador, y que a la sazón había sido designado por el presidente de
Alguna vez creo haber escuchado a Raúl decir que Comandante en Jefe había uno, y que tal vez no hubiera ningún otro. No estoy seguro pero bien pudo ser conociendo la modestia de Raúl y su cariño y respeto por Fidel. Eso podrá ocurrir, o podrá ocurrir también que se mantenga el nombre del cargo para el nuevo compañero que deba desempeñarlo, y como las virtudes de todos los que pudieran ser elegidos por