Lamentable y patético resulta escuchar al "amo del mundo" confesar públicamente su absoluta impotencia para enfrentarse, con todo y su poderío, a un solo hombre digno.
El diario El País reproduce hoy una información de la agencia EFE, fechada en Washington 29.06.2007, donde el Emperador-profeta durante un discurso en la Academia de la Marina de Guerra de Newport, Rhode Island, responde a la pregunta de un estudiante colombiano sobre la situación latinoamericana, que el único país antidemocrático "en nuestra vecindad" es Cuba, y que "un día el buen Dios se llevará a Fidel Castro".
Aunque las estadísticas de encuestas recientes ubican a Bush como el segundo presidente más repudiado de la hisoria norteamericana, el señor W no abandona el empeño de querer aparecer como el enviado divino para traer la felicidad entre los hombres. Cosa que ponen en duda sus matanzas diarias en el medio oriente, las torceduras de brazos a amigos y súbditos, y la inseguridad creciente en su propio país. La pax romana del presidente norteamericano cubre de espanto, dolor y lágrimas buena parte del mundo, y sin embargo él confía en que su "buen Dios" lo ayude a deshacerse de un adversario que envía médicos a salvar vidas en lugar de soldados a sembrar muerte.
El señor de la guerra no admite que una pequeña islita le sostenga la mirada y le frene la brida a sus desmadres imperiales, sobre todo cuando buena parte del mundo menea la cola cuando a él le entra la perreta porque no le alcanza el petróleo para sus consorcios o los votos para mañosamente acusar a Cuba o a Venezuela.
De cualquier forma no le ha quedado más remedio que esperar a lo que su apresurado vocero, ante la pregunta sobre si su presidente deseaba la muerte de Fidel, calificó como "un hecho inevitable", es decir la muerte natural del presidente cubano.
Todo está en que el "buen Dios" al que se refería el terrorista que es Bush, no sea el mismo que se ha llevado a cientos de miles de afganos e iraquíes, y deja morir a los pies de barro del gigante imperial millones de seres humanos, sin el menor recato, sin peso en la conciencia.
jueves, 28 de junio de 2007
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