domingo, 30 de septiembre de 2007

Canción del panadero

“Ganado tengo el pan; hágase el verso”.
José Martí



Panadero que quieres cantar frente a la harina
ese dolor de amante incomprendido,
en las noches oscuras desde aquella ventana
suspirando a los vientos todos los desvaríos
de la imaginación exacerbada.
Puedes cantar
sí puedes entonar nuevos cantos
a todos los motivos que encuentres a tu paso,
pero mientras tú cantas frente al horno encendido,
frente a la mesa donde debe ser amasada
la harina que cantaste, ¿quién hace el pan?
¿quién alimenta al horno, si tus manos
no se mueven al ritmo de tus canciones nuevas?
Canta y trabaja. Canta y no detengas
tus manos en la masa ni tu poema en los labios.
Canta y construye con versos en los labios
el poema de tus manos.

martes, 25 de septiembre de 2007

AUGURES Y AUGURIOS


“Analfabeto no es solo el que no sabe escribir,

sino el que no sabe interpretar la realidad.”

Paulo Freire


A falta de capacidad para ver la realidad de las cosas, los sempiternos augures del desastre de la Revolución Cubana han fabricado siempre todo tipo de conflictos y hasta han competido entre ellos a ver cuál refleja mejor sus deseos. Son incontables las veces en que la llamada “prensa libre”, ya en la segunda mitad del siglo XIX, y representada “dignamente” en la colonia que fuimos por el Diario de la Marina, fabricaba o edulcoraba intrigas sobre las relaciones entre los líderes revolucionarios y celebraba o anunciaba su muerte. Las mismas páginas que celebraron la muerte de José Martí celebrarían después la de Antonio Maceo, la de Antonio Guiteras, y tantos otros hasta la reiterada y nunca vista muerte de Fidel Castro. Pudieran ellos, acaso con más razón por el número y los años de frustraciones, repetir lo que un reconocido científico amigo de Cuba, cuando decía que no está demostrado científicamente que Fidel también tenga que morirse. Han sido tantas las cosas que ha hecho realidad contra todos los vaticinios y los vaticinadores, que es como para pensarlo.

El caso es que la reciente aparición del Caguairán en la televisión cubana echó a tierra a las intrigas y a los intrigantes, a los profetas y a sus profecías. y más allá de amigos o enemigos, de los que se alegran y los que se entristecen, medio mundo volvió a quedar desilusionado por la cacareada “prensa libre”. Los tanques pensantes reciclan sus profecías, les dan un baño de autocrítica y la vuelven a lanzar al ruedo. No importa que sea mentira, lo que importa es repetirla, por aquello de Goebels.

Ante el “empeño” de Fidel de no morirse, no les queda más salida a los profetas del Apocalipsis revolucionario que pintarle al mundo un también reciclado cuadro alejandrino. No hablo de la métrica poética sino del mundo y el tiempo de Alejandro Magno. Dibujan estos augures tal embrollo en las relaciones entre Fidel y Raúl, los Comandantes de la Revolución y otros cuadros civiles y militares cubanos, como si quisieran hacerle ver al mundo que una vez desaparecido el líder, su obra fuera a quedar a merced de los generales de Alejandro. No conocen a Cuba. No tienen idea de los valores que en este medio siglo, la Revolución ha sembrado en el alma de los hombres y las mujeres de esta Isla Infinita. No los culpo: nadie puede entender lo que no conoce.

Ah!, los oráculos de la derecha, que, si conocen las leyes de la dialéctica, tal vez las repitan de memoria pero jamás las entienden. Ah!, los oráculos de las izquierdas que olvidan que la política, como la Tierra, también es redonda y que mientras más navegas hacia el oriente más te acercas a occidente.

Para los augures del fin revolucionario de Cuba todo se reduce a operaciones bursátiles, como si entre los seres humanos no mediaran más relaciones que los intereses materiales. Tampoco los culpo. Solo el que sabe por cuánto se vendería, es capaz de ponerle precio a otro hombre.

El que conoce de cerca la realidad cubana y a sus líderes civiles y militares, sabe cuanto de lealtad a las ideas por las que se han jugado la vida desde eran casi adolescentes, hay en cada uno de ellos. Han seguido sin vacilar a un líder porque ese líder encarnó como nadie las ideas de justicia social y los principios éticos por los que decidieron guiarse en su paso por el mundo. No hubo para ellos después de cada combate, prebendas ni botines de guerra, sino más sacrificio, más exigencia y como consecuencia nuevas victorias. No han seguido a un “caudillo” a la usanza común de las matonerías históricas. Fidel ha sido más que el jefe, el amigo, el compañero, el que jamás abandonó a ninguno de sus hombres, el que nunca perdió la fe en la vergüenza de los hombres, el que los ha sabido conducir de victoria en victoria. Y la amistad, señores augures, no se traiciona sin traicionarse a uno mismo. Por eso los que han hecho tal y se han envanecidos de lo que sin él no hubieran podido llegar a ser, han terminado consumidos por su mala conciencia, destilando el veneno de su propia frustración. Aunque no lo confiesen, es difícil después de haber sido útiles a una idea noble, resignarse a ser un resentido. No es fácil, señores augures, desertar de la dignidad y del honor. Ustedes no conocen esos “sitios”. Tal vez por eso mismo, tampoco puedan comprenderme ahora, y me acusen otra vez, unos de “talibán” o de “matón de barrio”, y otros de “idealista” y hasta de “religioso”. Mi religión es tan sencilla como la propia vida: tratar de comprender el mundo en que vivo, no hacerle mal a nadie, y hacer todo el bien que esté a mi alcance.

A mí, formado por la Revolución, me cuesta mucho trabajo hablar de “civiles y militares”, por dos razones: una, porque en un proceso histórico empujado a fuerza del valor de sus mejores hijos, la mayoría de los cuales ha sido soldado por imperio de las circunstancias y no por amor a la guerra, desde el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, pasando por el Mayor General José Martí, hasta el Comandante en Jefe Fidel Castro, no logro establecer la diferencia entre unos y otros porque todavía hoy se cumple aquella verdad expresada por el inolvidable Camilo Cienfuegos, de que nuestro ejército es el pueblo uniformado. La otra razón es que eso de “civiles y militares” me trae a la mente las dictaduras de nuestras sufridas repúblicas americanas, y para más desgracia estamos en septiembre. Es suficiente con otros septiembres más cercanos que dieron motivo a las catástrofes mundiales que hoy padecemos.

No logro descifrar el acertijo de “casta militar” cuando recuerdo a mi bisabuelo mambí, mi abuelo miliciano, mi padre reservista. No, señores augures, revisen sus augurios o sus fuentes: los militares cubanos somos nosotros mismos, los maestros, los poetas, los obreros, los campesinos, los jóvenes, en fin, gente que siempre ha preferido sembrar la tierra, escribir poemas, bailar o cantar, a disparar contra otro ser humano. Cuando llegado el momento hemos sido obligados por nuestros enemigos a cambiar la pluma por la espada, lo hemos hecho sin vacilación pero también sin odio, por amor a lo nuestro, a lo que hemos podido construir en medio de increíbles sacrificios.

Nadie debe olvidar, concienzudos oráculos, que esta pequeña isla ha sido en quinientos años, durante cuatro siglos colonia de España, y 60 años neo colonia yanqui. Hace solo 48 años que estamos gobernándonos por nosotros mismos. Tenemos derecho a equivocarnos. Sin embargo, no necesitamos para recuperarnos el tiempo que demoraron nuestros dueños en hundirnos en el cieno de la ignominia y la vergüenza. En apenas medio siglo nos hemos levantado a los ojos del mundo como un gigante moral, gracias a la fuerza que dan los principios éticos que hemos defendido para todos los seres humanos, no solo para Cuba.

De cualquier forma, ahí está la realidad testaruda y tranquila, que no necesita de elucubraciones sonambulescas ni permite optimismos panglosianos. Mientras ustedes, augures, juegan sobre el tablero de Cuba el ajedrez macabro de la intriga y la maledicencia, armando dos presuntos ejércitos generacionales contendientes, para atizar el show que les dará más ingresos, el mundo va descubriendo entre las brumas y los tufos de tanta verborrea paniaguada y ridícula, una verdad insoslayable: ustedes siempre buscan buen dinero en su tarea profética. Desde hace 48 años escriben libros sobre nuestra próxima caída, sobre por qué resistimos, sobre por qué nos caeremos, y así continuarán… hasta el fin de los días.

lunes, 24 de septiembre de 2007

ODA A PABLO NERUDA

“Acecharon su muerte y entonces la ofendieron:
solo porque su boca está cerrada
y ya no puede contestar su canto.”
Pablo Neruda
(Pobres poetas)



I

Yo iba a cumplir dos años
cuando te fuiste, Pablo.
Era un tiempo dramático el de aquella partida.
Los ayes de tu tierra coronaban los Andes
y las hienas bebían sangre del pueblo
en las alcantarillas de Santiago.
Todo era gris, cuando menos, oscuro.
Hasta la luz se declaró proscrita
y un lamento oceánico flotaba en Isla Negra.
No pudiste escoger mejor momento
para lanzar tu póstuma protesta,
la más viril, la más incontestable
de cuantas habías hecho. No pudieron
callarla. No alcanzaron disimular el trueno
de tu silencio puro, tenaz, definitivo,
contra los asesinos de tu sueño,
del Presidente amigo, del trovador
que lejos de sus manos
seguía cantando al pueblo.



II

Luego he sabido, Pablo,
que allá en los balbuceos
de mis primeros pasos,
me hacía llamar Allende, y ese nombre,
repetido mil veces en salmos cotidianos
junto al viejo retrato colgado en las paredes
de todos los vecinos,
acompañó mi vida.



III


Después vino la edad de la conquista
y en tus versos cabalgaron, jinetes,
mis suspiros de eterno enamorado. Cada noche
podía escribir los versos más tristes
sobre los labios vírgenes de alguna adolescente.
Yo te citaba, Pablo, en los parques y en los campamentos,
fueran los días de sol o noches sin estrellas,
tú ibas siempre conmigo
en gastadas libretas de rasgo indefinible
y mala ortografía.
¡Cuánto divino instante me diste, compañero!
Desde aquel tu pasado que era entonces a un tiempo
la verdad del presente y el sueño del futuro.



IV


Ahora te pienso, Pablo, más allá de tus versos,
después de treinta años de amistad inconfesa,
y contemplo gigante tu estructura de piedras,
de caracol, de mar, de pájaro furtivo,
que vuela como el cóndor sobre el cielo de América.
No hay que esperar cien años a que otra vez despiertes,
si los pueblos que amaste ya invocaron tu nombre
desde las altas cumbres, desde las hondas cuevas,
izaron las banderas azules con los peces
que escrutan el Pacífico hasta que cualquier día
un mascarón Neruda surja en el horizonte.

jueves, 13 de septiembre de 2007

EL HOMBRE NUEVO PARA UN MUNDO NUEVO

De la tierra, y de lo más escondido y hondo de ella, lo recogeremos todo, y lo pondremos donde se le conozca y reverencie; porque es sagrado, sea cosa o persona, cuanto recuerda a un país, y a la caediza y venal naturaleza humana, la época en que los hombres, desprendidos de sí, daban su vida por la ventura y el honor ajenos.

José Martí




“Un mundo mejor es posible”, es una consigna que se repite muy a menudo en estos tiempos. Y aunque no se haya dicho textualmente así, hace mucho que los seres humanos aspiran a que el mundo en que viven sea mejor de lo que es. A esa posibilidad, a ese mejoramiento, a ese “deber ser”, se le ha llamado Utopía, como la isla de Tomás Moro.

Sin embargo, aunque muchos han creído en la certeza de esa esperanza, también es cierto que ese mundo mejor al que se aspira no va a producirse por generación espontánea, ni caerá, como el maná, del cielo. Ese mundo nuevo, mejor y posible ha dejado de ser una utopía más para convertirse en la única esperanza de sobrevivencia de la especie humana. No es ya un sueño tras el que corrían candidatos a héroes y poetas del verso o del espíritu. Hoy es una necesidad para todos los seres vivos que habitamos el planeta, y también por respeto a la memoria de los muertos. Así es que nadie queda excluido de esta disyuntiva. Pasado, presente y futuro están abocados a desaparecer víctimas de la irracionalidad y el egoísmo de unos pocos, apoyados por la desidia y la apatía de la mayoría. Es lamentable ver la enajenación en que caen, como flores en el fango, inteligencias que pudieron ser útiles a ese esfuerzo por vivir más felices y se pierden detrás de las lucecitas de colores de los supermercados y las televisoras entrenadas en “entretener” a las personas.

No siempre se ha tenido muy claro la diferencia entre vivir y existir. Vivir es gastar la vida que nos fue regalada. Existir es apenas comprender que estás vivo. La mayor parte de la gente existe, simplemente. Decía José Martí que la mayor parte de los hombres ha pasado dormida sobre la tierra, comieron y bebieron pero no supieron de sí, y que todavía son los hombres máquinas de comer y relicarios de preocupaciones, por eso es preciso hacer de cada hombre una antorcha.

Para que exista un mundo nuevo es requisito previo crear al hombre nuevo que lo hará posible, o al menos que esté dispuesto a construirlo con sus propias manos, sin exigir nada a cambio, sin explotar a nadie, sin engañar a nadie, como diría el Che. Y el hombre nuevo no es una utopía, ha existido siempre. Lo que sucede es que han tratado de confundirlo con “el hombre perfecto”, y ese sí que no existe. El hombre nuevo es un hombre común, como cualquier otro, solo lo eleva a la categoría de extraordinario su afán de ser mejor cada día, de darse entero en beneficio de un ideal noble y justo, aunque en ello le vaya la vida. Pero no es un ser extraterrestre. Hombres nuevos hemos tenido en cada jalón histórico del camino humano. Todos los grandes próceres fueron los hombres nuevos de su tiempo, los que apostaron a una idea justa y lucharon por ella. Nunca esas épocas alcanzaron la plenitud a que aspiraron aquellos escogidos, pero es cierto que cuanto avanzaron en el camino de la luz, a ellos lo deben.

Los cubanos tenemos muchos ejemplos en la historia de nuestra pequeña isla. Hombres que nacidos en la brevedad de esta geografía jamás mancharon sus ideas con nacionalismos estrechos, al contrario, siempre ha llamado la atención de los estudiosos, el espíritu universal que ha animado a los líderes de este país, desde José Martí hasta Fidel Castro.

Pero un ejemplo hay en nuestros días que merece la pena recordar otra vez, un día como hoy: son los cinco jóvenes patriotas, luchadores antiterroristas, Héroes de la República de Cuba, que están secuestrados en las cárceles del imperio por tratar de alertar a los pueblos de Cuba y Estados Unidos de los actos terroristas promovidos, con el auspicio del imperio, por elementos sin escrúpulos que suelen habitar al sur de la Florida.

Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Fernando González y Antonio Guerrero, desde sus prisiones injustas y miserables adonde los lanzó el odio y la impotencia de los poderosos y sus hienas, son el ejemplo más elocuente del tipo de hombres que necesitará el mundo para renovarse, y escapar del abismo al que lo tienen inclinado sujeto por el cuello. Abandonando sus familias y su país, soportando las más duras pruebas a que puedan someterse espíritus sensibles como los suyos, se fueron a la guarida de las hienas, a penetrar las redes de la mafia terrorista que ha crecido en el odio, el rencor y la impotencia, como chacales enjaulados, rumiando venganza contra el pueblo valiente y generoso que no se resiste a tener amos.

En sus reflexiones de hoy, Fidel explica entre otras cosas, como un luchador antiterrorista cubano pudo, con la información suministrada a tiempo y transmitida por el gobierno cubano a las autoridades norteamericanas, salvarle la vida al presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, sin que las canalladas contra Cuba del gobierno que Reagan presidía, influyeran un ápice como para permitir que el magnicidio se llevara a cabo.

El 20 de mayo de 2005, en su discurso en la Tribuna Antiimperialista José Martí, Fidel explicó los pormenores de un intercambio de informaciones sobre planes terroristas, que había tenido lugar en junio de 1998, entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, ya que estos planes involucraban a ambos gobiernos y posiblemente a otros más. Queda claro que fue a raíz de esos intercambios de información que las autoridades norteamericanas, faltando a la hidalguía que les hubiera hecho tanto honor, y al más elemental sentido de la ética, en lugar de perseguir y apresar a los terroristas, se dedicaron a tratar de descubrir las fuentes gracias a las cuales se les podía ofrecer la valiosa información que poseían y que podía salvar la vida de muchos ciudadanos cubanos, norteamericanos y de otras nacionalidades. Así llegan a apresar un día como hoy, el 12 de septiembre de 1998, a nuestros cinco hermanos, que con su actitud y firmeza ante las crueldades a que han sido sometidos por el imperio prepotente e impotente, dan fe de que es verdad que lo que vale no es el número de armas en las manos sino el número de estrellas en la frente.

En este noveno aniversario de su encierro, en medio de la hipocresía del gobierno de W. Bush, que en nombre de la lucha contra el terrorismo masacra en Afganistán, destruye Iraq y con él al invaluable patrimonio que constituye para el mundo esa civilización hermosa e inolvidable que a más de los héroes reales nos dio a Simbad, a Zcherezada y Las mil y una noches, invitamos a los hombres y las mujeres de buena voluntad que reconocen que es imposible un mundo mejor en medio de la guerra, la destrucción y la muerte, a que se sumen a esta campaña internacional por la liberación de los Cinco Héroes Cubanos prisioneros en cárceles del imperio por luchar contra el terrorismo.

Construyamos en nosotros mismos el hombre nuevo que hará posible al mundo nuevo, luchando sin descanso contra la guerra, el odio y el egoísmo.

Recordaré una vez más, aquella parábola, muy conocida, que cuenta que un científico en su laboratorio trataba de distraer a su pequeño hijo para que no le interrumpiera sus investigaciones, y a falta de algo mejor, arrancó una página de un libro donde había impreso un mapa del mundo. El científico rasgó la página en varios pedazos y le pidió al pequeño que se sentara a armar aquel “rompecabezas”, seguro de que no lo lograría por sus escasos años. Pero cuenta la historia que un rato después el pequeño llamaba a su papá para que viera lo bien que le había quedado el mundo. El científico asombrado comprobó que cada país estaba en su sitio, y le preguntó al hijo: ¿cómo fuiste capaz de saber dónde iba cada país? A lo que el pequeño respondió ingenuamente: Papá, yo no sé cómo está hecho el mundo, pero sé como está hecho el hombre. Por el lado contrario de tu rompecabezas había dibujada la figura de un hombre; yo volví la página, arreglé al hombre y cuando la viré de nuevo, estaba armado el mundo.

Si queremos mejorar al mundo tenemos primero que mejorar al hombre que lo habita, porque solo él, con sus virtudes y sus defectos, pero sobre todo con la capacidad infinita de ser mejor cada día, podrá salvar, más allá de los sistemas filosóficos, políticos, sociales o religiosos, a la especie humana. Para esa tarea son necesarias todas las inteligencias, porque todos nosotros juntos sabremos más que cualquiera de nosotros solos, porque la especie humana no se salvará gracias al sortilegio de un genio superior que le marque el destino, sino que el problema debemos resolverlo nosotros mismos con nuestras propias manos.

Es necesario un elemental sentido de la vida para comprender esta verdad tremenda que está ahí, aunque no quieran verla los pesimistas ni los optimistas excesivos. Y es preciso también volver a los tiempos de la entrega incondicional, la solidaridad y la humildad, para aprovechar toda la experiencia acumulada por el hombre en su devenir histórico.

martes, 11 de septiembre de 2007

11 DE SEPTIEMBRE

- A Salvador Allende.

“Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.”
Pablo Milanés


Para honrar tu memoria, presidente,
en un nuevo Septiembre de Cenizas,
dejando en un lugar todas mis prisas,
yo pisaré las calles nuevamente.

A La Moneda iré en la madrugada
a poner una flor sobre tu mesa,
y acaso a recordar esa tristeza
de lo que fue Santiago ensangrentada.

Así, mirando a todos los presentes
caminar con descuido en la alborada,
y en una hermosa plaza liberada,

-para alivio de tantos inocentes-
junto a tu imagen siempre recordada,
me detendré a llorar por los ausentes.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

NUESTRA AMÉRICA Y EL SOCIALISMO EN EL SIGLO XXI O EL “ANTIDIETERICH”

Cuando el 11 de junio de 1878, Federico Engels escribía en Londres el prólogo a la primera edición del AntiDühring, apuntaba esta idea que cito íntegramente: “Desde hace tiempo, en Alemania brotan por decenas, como las setas después de la lluvia, los sistemas de cosmogonía, de filosofía de la naturaleza en general, de política, de economía, etc. El más insignificante doctor en filosofía y hasta el más oscuro estudiante no se contenta con menos de un “sistema” completo. Y tal parece como si en la ciencia quisiera también aplicarse ese postulado de la economía según el cual todo consumidor conoce al dedillo todas las mercancías que necesita para el sustento de su vida. La libertad científica consiste en escribir de todo aquello que no se ha estudiado, haciéndolo pasar como el único método rigurosamente científico. Y el señor Dühring es uno de los tipos más representativos de esa ruidosa seudociencia que por todas partes se coloca hoy en Alemania, a fuerza de codazos, en primera fila y que atruena el espacio con su estrepitoso…ruido de latón. Ruido de latón en poesía, en filosofía, en política, en economía, en historiografía; ruido de latón en la cátedra y en la tribuna; ruido de latón por todas partes; ruido de latón que se arroga una gran superioridad y profundidad de pensamiento, a diferencia del simple, trivial, vulgar ruido de latón de otros pueblos.”

Obviamente ni el contexto es el mismo, ni yo soy Federico Engels (ni me pretendo comparar siquiera con ese verdadero sabio alemán (que tuvo la humildad (tan necesaria a Dieterich) de proclamar que el sabio era Carlos Marx, y él a lo sumo un hombre de talento)), ni Heinz Dieterich es el señor Dühring. Sin embargo, el empeño por aplicarle su “receta infalible” al renacer de viejos sueños libertarios en los países de lo que José Martí llamó Nuestra América, lo acerca bastante a ese antiguo (como se ve en la cita de Engels) padecimiento teutón de querer encerrarlo todo en un sistema que incluya etapas, períodos y plicas de cualquier tipo, como si el decursar de la existencia humana pudiera predecirse en un papel como si fuera el plan de estudios de la universidad.

No voy a ponerme a desbarrar de este reconocido, potenciado y controvertido pensador alemán asentado en México, que se suma a los llamados internacionales en defensa de la Revolución Cubana y al mismo tiempo pretende empinársele de agorero de sus destinos, condicionando la supervivencia del proceso cubano a la adhesión o no del mismo a su acuñado concepto de “Socialismo del Siglo XXI”, que según creo, comenzó sus afanes hegemónicos en la esfera del pensamiento de izquierda con el nada humilde nombre de “Nuevo Proyecto Histórico”.

Mucho menos cuestionaré su nivel “académico”, sin duda muy superior al mío, pero el más elemental sentido común me lleva a preguntarle al señor Dieterich lo que cualquier guajiro cubano, después de leer por sí mismo (porque no son analfabetos, como es sabido) la altanería de sus pretendidas lecciones a la dirección revolucionaria de Cuba, podría preguntarle mirándole fijamente a los ojos: a saber, ¿Cuántas revoluciones ha hecho usted, señor Dieterich? ¿Dónde están sus heridas en combate? ¿Cuánto tiempo guardó prisión por intentar guiar a un pueblo a la lucha por conquistar para todos sus ciudadanos “la mayor suma de felicidad posible”, como quería Simón Bolívar? ¿Qué tiempo ha tenido que ocultarse en la clandestinidad para escapar de las persecuciones de los asesinos de los pueblos? ¿A cuántos miles de analfabetos ha enseñado a leer, aunque sea para que lean sus tesis sobre cómo eliminar el analfabetismo de América Latina en una semana, gracias a la alquimia posmoderna de la tecnotrónica y la cibernética? ¿A cuántos hambrientos ha enseñado a pescar para quitarle el hambre de por vida, o simplemente se ha limitado a darles un pescado para quitarle el hambre de esa jornada?

Ya no más preguntas “por ahora”, (como dijo Chávez cuando la rebelión militar que dirigió en 1992).

Siempre le agradeceremos a Dieterich su apoyo a Cuba, pero tenemos el derecho de responder cuando consideremos que algo de lo que diga respecto a nuestro país no se atiene a las realidades contundentes de un proceso histórico social cuyos orígenes, dos siglos atrás, probablemente Dieterich desconozca o conozca solo a medias.

“¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Originales han de ser sus instituciones y su Gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otro. O inventamos o erramos”, dijo el socialista Simón Rodríguez, maestro de Bolívar. “Somos un pequeño género humano”, dijo El Libertador; “Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero”, dijo Martí, que además llamó a los habitantes de estas tierras “una raza original, fiera y artística“. Para no hablar del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez y sus definiciones sobre el socialismo. Ese pensamiento autóctono se ha mantenido pese a cuanto hayan hecho de buena o de mala fe unos y otros por desconocerlo o sustituirlo, bajo el signo del colonizado cultural o del deslumbramiento. Desde la propuesta de socialismo indoamericano del Amauta y su afirmación categórica de que el socialismo en América no podía ser calco ni copia, sino creación heroica, hasta la “temeraria” decisión de Fidel de que en medio de los derrumbes y las claudicaciones había que salvar la Patria, la Revolución y el Socialismo, cuando otros no solo desertaban de las filas de la izquierda sino que procuraban contagiar a todo el que podían con sus flojeras y sus vacilaciones.

Es pecado, señor Dieterich, entrar a la Historia con el dedo levantado. Las revoluciones, como las religiones, sobreviven a la larga no tanto por la elocuencia de sus predicadores, sino por la altura moral de sus apóstoles.

Hacer es la mejor manera de decir, como enseñó José Martí.

domingo, 2 de septiembre de 2007

CANTOS AL HOMBRE

Hombre que vas camino de la vida,
no pierdas la esperanza.
La esperanza está en ti,
eres tú mismo, lo que hagas de tus pasos.
Solo debe preocuparte el norte de tu brújula.
Ella son tus ideas, ¡cultívalas!
Si supieras leer, lee,
y si no sabes, solo observa y piensa;
pero aunque sepas, siempre observa y piensa.
Y sobre todo, piensa.



I

¿Sabes que nadie tiene derecho a la tristeza?
¡Has pensado en la magia de estar vivo!
¿No es un milagro respirar?
¿Cuántos espermatozoides persiguen fecundar al óvulo?
Dichoso tú. Eres uno entre millones.
Bien pudiste no ser, pero ahí estás,
y sin embargo, lloras de tristeza.



II

No des un solo paso en busca de la felicidad.
Ella no está delante ni detrás;
no es un destino.
No es un lugar ni un tiempo.
Es un estado del espíritu.
Quédate quieto y siente
la vida que transcurre junto a ti.
De mil maneras te recuerda que vives.
Súmate a este torrente de alegría
que te ha sido regalado,
es un derecho y también un deber
con los que no pudieron,
con los que ya no están.
Comprende que la felicidad es el camino.



III

¿Viste el amanecer de este día que termina?
Nada hay más importante que esperar cada día
con los ojos, la mente y el corazón dispuestos.
Darle la bienvenida y suspirar alegre
porque has llegado aquí.
Mañana no sabemos.
La vida es delicada mariposa
que vuela distraída
sobre el turbión perenne de la muerte,
y su vuelo es muy corto;
disfrútalo, no vayas en cualquier dirección.
Descubre a tiempo la flor de más fragancia,
detente allí, dedícale un instante
para tomar impulso, seguir vuelo,
y ayudar a las otras mariposas
a continuar su viaje, lo más lejos posible,
sobre el turbión perenne de la muerte.


IV

Busca dentro de ti;
ahí está todo lo que necesitas para vivir feliz.
No creas falsas angustias
provocadas por los deseos efímeros.
No te entretengas, ¡vive!
Que el tiempo de vivir no te fue dado
para que lo malgastes.
El reloj de la muerte no se para.


V

Respóndete a ti mismo si es que de verdad vives
o si apenas existes.
Vivir es gastar cada instante que respiras;
existir es ni siquiera tener conciencia de ello.
Vivir es aprovechar al máximo
todo lo que te ha sido dado, y compartir;
existir es nada más tener y acumular.
Vivir es ocuparte de todo lo que te dice que estás vivo;
existir es ocuparte solo de ti.

Es triste comprender que la mayor parte de los hombres
existe, simplemente.


VI

No te angustie la muerte,
no le temas.
Es la que da sentido a nuestra vida.
Sabes que vives porque existe ella;
como que está segura al final del camino,
el camino se vuelve más hermoso;
como vendrá hacia ti en cualquier momento,
te obliga a vivir cada instante como si fuera el último.
Vive sincera, intensa, claramente,
para que puedas recordar con alegría tus pasos
en cada trecho del camino,
cuando ella llegue y se te pare en frente
a decirte que tu tiempo ha terminado.