“Analfabeto no es solo el que no sabe escribir,
sino el que no sabe interpretar la realidad.”
A falta de capacidad para ver la realidad de las cosas, los sempiternos augures del desastre de
El caso es que la reciente aparición del Caguairán en la televisión cubana echó a tierra a las intrigas y a los intrigantes, a los profetas y a sus profecías. y más allá de amigos o enemigos, de los que se alegran y los que se entristecen, medio mundo volvió a quedar desilusionado por la cacareada “prensa libre”. Los tanques pensantes reciclan sus profecías, les dan un baño de autocrítica y la vuelven a lanzar al ruedo. No importa que sea mentira, lo que importa es repetirla, por aquello de Goebels.
Ante el “empeño” de Fidel de no morirse, no les queda más salida a los profetas del Apocalipsis revolucionario que pintarle al mundo un también reciclado cuadro alejandrino. No hablo de la métrica poética sino del mundo y el tiempo de Alejandro Magno. Dibujan estos augures tal embrollo en las relaciones entre Fidel y Raúl, los Comandantes de
Ah!, los oráculos de la derecha, que, si conocen las leyes de la dialéctica, tal vez las repitan de memoria pero jamás las entienden. Ah!, los oráculos de las izquierdas que olvidan que la política, como
Para los augures del fin revolucionario de Cuba todo se reduce a operaciones bursátiles, como si entre los seres humanos no mediaran más relaciones que los intereses materiales. Tampoco los culpo. Solo el que sabe por cuánto se vendería, es capaz de ponerle precio a otro hombre.
El que conoce de cerca la realidad cubana y a sus líderes civiles y militares, sabe cuanto de lealtad a las ideas por las que se han jugado la vida desde eran casi adolescentes, hay en cada uno de ellos. Han seguido sin vacilar a un líder porque ese líder encarnó como nadie las ideas de justicia social y los principios éticos por los que decidieron guiarse en su paso por el mundo. No hubo para ellos después de cada combate, prebendas ni botines de guerra, sino más sacrificio, más exigencia y como consecuencia nuevas victorias. No han seguido a un “caudillo” a la usanza común de las matonerías históricas. Fidel ha sido más que el jefe, el amigo, el compañero, el que jamás abandonó a ninguno de sus hombres, el que nunca perdió la fe en la vergüenza de los hombres, el que los ha sabido conducir de victoria en victoria. Y la amistad, señores augures, no se traiciona sin traicionarse a uno mismo. Por eso los que han hecho tal y se han envanecidos de lo que sin él no hubieran podido llegar a ser, han terminado consumidos por su mala conciencia, destilando el veneno de su propia frustración. Aunque no lo confiesen, es difícil después de haber sido útiles a una idea noble, resignarse a ser un resentido. No es fácil, señores augures, desertar de la dignidad y del honor. Ustedes no conocen esos “sitios”. Tal vez por eso mismo, tampoco puedan comprenderme ahora, y me acusen otra vez, unos de “talibán” o de “matón de barrio”, y otros de “idealista” y hasta de “religioso”. Mi religión es tan sencilla como la propia vida: tratar de comprender el mundo en que vivo, no hacerle mal a nadie, y hacer todo el bien que esté a mi alcance.
A mí, formado por
No logro descifrar el acertijo de “casta militar” cuando recuerdo a mi bisabuelo mambí, mi abuelo miliciano, mi padre reservista. No, señores augures, revisen sus augurios o sus fuentes: los militares cubanos somos nosotros mismos, los maestros, los poetas, los obreros, los campesinos, los jóvenes, en fin, gente que siempre ha preferido sembrar la tierra, escribir poemas, bailar o cantar, a disparar contra otro ser humano. Cuando llegado el momento hemos sido obligados por nuestros enemigos a cambiar la pluma por la espada, lo hemos hecho sin vacilación pero también sin odio, por amor a lo nuestro, a lo que hemos podido construir en medio de increíbles sacrificios.
Nadie debe olvidar, concienzudos oráculos, que esta pequeña isla ha sido en quinientos años, durante cuatro siglos colonia de España, y 60 años neo colonia yanqui. Hace solo 48 años que estamos gobernándonos por nosotros mismos. Tenemos derecho a equivocarnos. Sin embargo, no necesitamos para recuperarnos el tiempo que demoraron nuestros dueños en hundirnos en el cieno de la ignominia y la vergüenza. En apenas medio siglo nos hemos levantado a los ojos del mundo como un gigante moral, gracias a la fuerza que dan los principios éticos que hemos defendido para todos los seres humanos, no solo para Cuba.
De cualquier forma, ahí está la realidad testaruda y tranquila, que no necesita de elucubraciones sonambulescas ni permite optimismos panglosianos. Mientras ustedes, augures, juegan sobre el tablero de Cuba el ajedrez macabro de la intriga y la maledicencia, armando dos presuntos ejércitos generacionales contendientes, para atizar el show que les dará más ingresos, el mundo va descubriendo entre las brumas y los tufos de tanta verborrea paniaguada y ridícula, una verdad insoslayable: ustedes siempre buscan buen dinero en su tarea profética. Desde hace 48 años escriben libros sobre nuestra próxima caída, sobre por qué resistimos, sobre por qué nos caeremos, y así continuarán… hasta el fin de los días.